mar
13

Valentía de los jóvenes.

 

 

 

 

 

 

 

VALENTÍA DE LOS JÓVENES.

Nuestro amigo Manuel Molina Martínez nos presenta esta interesante reflexión con un mensaje para todos, especialmente para los jóvenes. Vale la pena leerla.

 

¡Qué escena! (La curación del paralítico en Mc 2,1-12).

Jesús se encuentra en una casa abarrotada de gente que quiere escucharlo. No cabe ni una persona más. Están todos apretujados y afuera unos y otros se empujan con la ilusión de, al menos, escuchar un poco lo que el Maestro dice; con la ilusión de medio verlo asomándose, brincando, subiéndose a un árbol…

Así las cosas, cuatro jóvenes se suman a esta multitud. Llegan sudorosos, agitados y cansados, pues han cargado por las calles a un hermano, paralítico desde que nació. No sabemos si eran familiares, amigos o simples conocidos de él y, no importa, lo relevante es su firme convicción, su fe recia y segura, de que Jesús tenía el poder divino para curarlo y ellos no se rendirían ante nada ni nadie. Ante nada. No se darían por vencidos. ¡Qué fe y entrega tienen estos jóvenes!

 

¿Qué hacen?

No se podían acercar a la casa, mucho menos entrar. Pretender lograr que Jesús los escuchara, entre el remolino de tanta gente, era sencillamente imposible. Pero convencerlo de obrar el milagro portentoso de hacer que caminara el que desde su nacimiento estuvo postrado, parecía ya una ingenuidad absurda. “Tontería e imprudencia ridícula de muchachos”, pensarían y afirmarían muchos mayores.

Pues con todo en contra, observaron el panorama y con un arrojo y audacia propios de su edad, sin pena ni miramientos y movidos por una fuerte convicción, se decidieron a lograr su objetivo de ayudar al discapacitado: calcularon el lugar por donde Jesús estaría ubicado dentro de la casa para ¡por el techo, bajarlo frente a Él!

Resueltos, buscaron en qué apoyarse y encontraron seguramente sólo alguna caja de madera, algunos ladrillos gastados, sueltos, de una barda vecina, lienzos, ramas, no mas. Empalmaron todo para lograr un poco el equilibrio. Con mucho esfuerzo y con mucho riesgo, empiezan a subir complicadamente al enfermo, mortificados por no poder hacerlo con más cuidados.

Dos jóvenes lo cargan solos, los otros dos suben al tejado con los lienzos; sostienen un extremo arriba y lanzan el otro; los de abajo amarran del pecho y piernas al atemorizado minusválido para facilitar un poco el subirlo al techo. Muchos curiosos sólo observan, otros se burlan y hacen bromas; algunos más se ofrecen a ayudar movidos por el tesón de los cuatro entusiastas muchachos.

Sofocados por el calor, con más de un raspón y temblorosos por el esfuerzo, logran  ese paso importante; ahora, con cuidado pisan las tejas y retiran pieza por pieza; las necesarias a fin de que quepa el paciente.

 

¿Cómo reacciona Jesús?

El Señor Jesús, al ver lo que estaba ocurriendo arriba, interrumpe su mensaje y contempla emocionado la labor, observa a los protagonistas. Dos de éstos piden a los de adentro les abran un espacio para brincar y, respetuosos, lo hacen. Ya adentro de la casa alzan las manos para recibir al discapacitado. Varias personas más se ofrecen a ayudar.

Tal vez los dueños pensaron reclamar por las afectaciones hechas a su propiedad pero, al ver la razón por la que se hizo, también sintieron admiración ante la generosidad resuelta de los cuatro personajes anónimos.

Ya frente a Jesús, con mucha sencillez, le piden se apiade del hermano paralítico. No pidieron nada para ellos.

Jesús, el Señor, Amigo y Maestro de los jóvenes, conmovido ante tanta nobleza, generosidad, arrojo, ingenio y esfuerzo, se puso de pie con autoridad, tomó del hombro a cada uno de los jóvenes con respeto y aprecio; su mirada vio lo profundo de su corazón juvenil y los llenó de Dios. Luego, dirigiéndose al enfermo le ordeno con amor: “¡Levántate, hermano, camina  y puedes irte a tu casa!”.

Los jóvenes presenciaron atónitos el resultado de su esfuerzo. Ellos sembraron amor y fe y cosecharon un milagro histórico. Inspiraron a Jesús para que luego dijera en otro lugar y ante otras personas: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”, “Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia”, “El reino de los cielos es para aquellos que me vieron con hambre y me dieron de comer, me vieron enfermo y me visitaron”.

¡Qué enseñanza nos dieron estos jóvenes! ¡Sorprendieron, emocionaron  y conmovieron al mismísimo Dios hecho hombre! Fe, esperanza, caridad, esfuerzo, tenacidad, creatividad, perseverancia, amor al prójimo. ¡Obras, no palabras! Eso nos enseñó Jesús y los jóvenes intuyeron lo que Jesús quiere que hagamos. Hay gente necesitada en cada esquina. ¡Hagamos cuanto podamos por el hermano que nos necesita!

 

 

 

 

ene
30

Doctrina Social de la Iglesia.

 

 

 

CREACIÓN Y PECADO EN LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.

 

Al hablar de las bases fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia tenemos que comenzar con el Antiguo Testamento. Menciono, por lo pronto, estos dos acontecimientos en la Historia de nuestra Salvación, que iluminan la enseñanza y la práctica pastoral de la Iglesia:

 

→ La creación del hombre por Dios.

Es el primer fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia. En las primeras páginas del Génesis leemos, en Gn 1,27: “Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó”. En el origen de la existencia humana está Dios mismo; más aún, el origen del hombre está en la decisión divina “a nuestra imagen, según nuestra semejanza”, como dice Gn 1,26. El hombre, varón y mujer, tiene algo de divino, esto es, Dios nos ha hecho a su imagen para conocerle y amarle. De todas las criaturas visibles, sólo el hombre es llamado a amar: primero a Dios y luego a todo el que tiene semejanza con Dios, es decir, a cada persona humana, pues cada persona está hecha a imagen de Dios. El hombre, pues, nació del amor gratuito y misericordioso de Dios; y la misión que tiene aquí en la tierra es la de ser un signo bien visible de que Dios nos ama.

 

Aquí se encuentra el primer fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia: Dios es amor y lo participa a los hombres y mujeres que vienen a este mundo; por tanto, nuestra misión es dar testimonio del amor lleno de misericordia que nos prodiga Dios.

 

→ El pecado original.

Dice Gn 3, 9-13: “Pero el Señor Dios llamó al hombre diciendo: ‘¿Dónde estás?’. El hombre respondió: ‘Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo’. El Señor Dios le preguntó: ‘¿Y quién te hizo saber que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?’. Respondió el hombre: ‘La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí’. Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: ‘¿Qué es lo que has hecho?’. Y ella respondió: ‘La serpiente me engañó y comí’”.

 

La narración del pecado de los orígenes describe la situación de desorden en el que la humanidad se encuentra a raíz de este acto del hombre en el uso de su libertad: apartarse del amor de Dios y querer administrar su propia existencia y su trabajo en el mundo sin Dios.

 

En el No. 27 del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia leemos: “La ruptura de la relación de comunión con Dios provoca la ruptura de la unidad interior de la persona humana, de la relación de comunión entre el hombre y la mujer y de la relación armoniosa entre los hombres y las demás criaturas. En esta ruptura originaria debe buscarse la raíz más profunda de todos los males que asechan a las relaciones sociales entre las personas humanas, de todas las situaciones que en la vida económica y política atentan contra la dignidad de la persona, contra la justicia y contra la solidaridad”.

 

Los católicos estamos llamados a conocer a fondo la Doctrina Social de la Iglesia. Así, estoy seguro, seremos mejores testigos del amor que Dios nos tiene; seremos verdaderamente como Jesús quiere: “Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en un monte, Tampoco se enciende una lámpara de aceite para cubrirla con una vasija; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille su luz delante de los demás de modo que, ellos al ver las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre que está en los cielos” (Mt 5,13-16).

 

 

 

 

 

ene
16

La enseñanza social de la Iglesia.

 

 

 

 

Enseñanza social de la Iglesia.

 

¿Qué es?

 

Es el anuncio del Evangelio como criterio iluminador en la compleja red de las relaciones sociales. Desde sus orígenes, ya la Iglesia ha anunciado el “evangelio social”; por eso Juan Pablo II insiste en que el mensaje social del evangelio sigue siendo el fundamento y el estímulo para la acción y el compromiso de los creyentes. De ahí que muchos de los primeros cristianos distribuían sus bienes a los pobres, dando testimonio de que, no obstante las diversas proveniencias sociales, era posible una convivencia pacífica y solidaria.

 

A lo largo de los siglos se ha continuado este ejemplo de los primeros cristianos; ahí tenemos a los monjes que hicieron de sus monasterios, además de vida comunitaria y de oración, fueron verdaderos centros de promoción social; los religiosos y religiosas fundaron hospitales y asilos para los pobres; infinidad de hombres y mujeres cristianos, de todas las clases sociales, se comprometieron en favor de los necesitados y marginados.

 

Los Papas dan su palabra.

 

Juan Pablo II era claro e insistente al afirmar que la DSI no es otra cosa que el desarrollo orgánico del evangelio, más aún, es el evangelio social de nuestro tiempo, del mismo modo que en el tiempo de los apóstoles se practicaba la dimensión social del evangelio por las comunidades de la Iglesia primitiva.

 

En nuestra época, comienza la Doctrina Social de la Iglesia de manera estructurada con la Encíclica del Papa León XIII, el 15 de mayo de 1891, con el nombre de “Rerum Novarum”. Ante la terrible explotación laboral de los obreros, la Iglesia no podía quedarse callada. Su respuesta fue un documento en donde explicaba cómo debían ser las estructuras laborales vistas desde el Evangelio, y su prioridad fue defender la justicia y a los trabajadores. Es la “La Carta Magna del Trabajo”, y tuvo una grande influencia, no sólo en la Iglesia sino en todos los ambientes del trabajo. A finales del siglo XIX, los obreros tenían que soportar jornadas de 18 horas de trabajo intenso, salarios de hambre y miseria y unas condiciones inhumanas de vivienda. También era común la explotación a niños y mujeres en las fábricas. Esta situación tenía que cambiar. Comenzaron las revueltas obreras y las huelgas. La Iglesia se puso de parte del trabajador con la “Rerum Novarum”.

 

¿Qué tenemos que decir? Que esta Encíclica, que es bandera de la Iglesia en la cuestión social, es de grande actualidad para iluminar los problemas sociales de nuestra época. Es necesario que los católicos la conozcamos a fondo.

 

 

 

 

 

dic
28

Navidad en San José.

 

 

NAVIDAD EN SAN JOSÉ.

 

No me canso, ni me cansaré, Señor Dios nuestro, de meditar en que Tú, la Palabra creadora del universo, entraste a nuestra historia, y ¡de qué manera! Quisiste hacerte igual a nosotros, menos en el pecado, viniendo al mundo como venimos todos, naciendo en el seno de una familia, en la pequeñez y ternura de un niño, en la sencillez, en la extrema pobreza. Eso no es otra cosa sino el amor solidario del Dios vivo.

 

San Pablo en Filp 2,6-11: “El cual, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

 

El misterio de la Navidad, el misterio de Emmanuel: Dios está con nosotros, lo hemos celebrado de manera efusiva y llenos de fe en nuestra comunidad parroquial. Las fotos hablan de ello.

 

dic
03

Juan el Bautista.



JUAN EL BAUTISTA.

 

Estamos ya en el Segundo Domingo del Adviento. La Palabra del Señor quiere hacernos reflexionar sobre el sentido de nuestra vida en la esperanza; si la esperanza no invade nuestros pensamientos, sentimientos, nuestra voluntad y nuestra fe, no alcanzaremos a vislumbrar que la vida vale la pena, que la vida, en medio de las noches oscuras, alcanza su sentido.

 

Juan el Bautista se convierte hoy como un motor que nos impulsa a tener viva la llama de la esperanza. En el evangelio de Marcos (Mc 1,4-5), Juan impulsa un enorme movimiento popular que hace crecer la esperanza de la gente. ¡Toda la región de la Judea y todos los habitantes de Jerusalén iban al encuentro de Juan!

 

Marcos se sirve de los textos de los profetas Malaquías e Isaías para iluminar este movimiento popular, suscitado por Juan Bautista. Indica que con la venida de este amigo de Dios y enviado por Él mismo, Juan Bautista, la esperanza del pueblo ha comenzado a encontrar una respuesta. Juan siembra la semilla de la Buena Nueva y comienza a germinar y a crecer la planta de la presencia de Dios en el corazón del hombre con la llegada del Mesías.

 

¿La gente se hacía ilusiones con Juan Bautista? ¿Qué podía esperar el pueblo pobre y marginado de un predicador como Juan que vivía en el desierto? Sí, ese pueblo pobre y marginado se hacía la ilusión de una vida mejor escuchando la predicación de Juan, pero ilusión en la esperanza firme de que Dios mismo le estaba diciendo: “Sí es posible un cambio, una vida mejor; sí está cerca tu liberación de todas tus ataduras”. Y ese pueblo tenía a Dios al alcance de la mano. Ese es el verdadero sentido de la vida.

 

Marcos presenta a Juan Bautista también bajo la figura del profeta Elías (Mc 1,6-8) a quien la gente esperaba. Del profeta Elías se decía que venía a preparar el camino del Mesías “¡convirtiendo el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres!” (Mal 3,24), o sea, esperaban que Elías viniese a reconstruir la vida comunitaria, a crear un nuevo modo de vivir las relaciones interpersonales, a purificar las estructuras sociales. Elías era conocido como “un hombre vestido de pieles y con un cinturón de cuero a la cintura” (2Re 1,8). Marcos dice que Juan se vestía con pieles de camello. Indicaba con claridad que Juan Bautista había venido a cumplir la misión del Profeta Elías (Mc 9,11-13).

 

Domingo Segundo de Adviento: en medio de la noche oscura que envuelve nuestra sociedad mexicana, la vida de las familias de nuestra comunidad, podemos ahora dirigir nuestra mirada hacia Juan el Bautista y dejar que nos invada sentimientos plenos de esperanza en la llegada del Mesías. Más aún, en la presencia ya del Mesías, Cristo Jesús, en nuestra vida de cada día. El Papa Benedicto XVI lanza este grito en Adviento: “presencia de Jesucristo que ha comenzado ya en nuestra vida”. ¡Vivamos el Adviento, Cristo está entre nosotros!

 

 

 

 

 

nov
23

Jóvenes del Apostolado de la Cruz

 

 

 

 

Jóvenes del Apostolado de la Cruz: su retiro espiritual en Puebla.

 

El grupo de jóvenes de nuestra Parroquia asistió a su retiro espiritual a Puebla para reforzar su carisma de la Espiritualidad de la Cruz.

¿En qué consiste la Espiritualidad de la Cruz? Se trata de vivir, desde la vida cotidiana, el seguimiento de Cristo Sacerdote y Víctima, en el amor a los hermanos, en la limpieza de corazón y en el sacrificio por los demás.

Se trata de ofrecer a Dios todo lo que vamos viviendo a lo largo del día a favor de los demás, con la conciencia de que tenemos el compromiso de ser constructores del Reino de Cristo  en medio del mundo. Para ello es fundamental nuestro testimonio cristiano e impulsar algún apostolado entre los más necesitados.

Estos tres valores evangélicos son los pilares fundamentales que se viven en la Espiritualidad de la Cruz:

Amor a los hermanaos: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 12).

Limpieza de corazón: Vivir, a ejemplo de María Santísima, no sólo la limpieza de la mente y el corazón, sino también la intención de vivir las Bienaventuranzas. “Bienaventurados los limpios de corazón” (Mt 5,8).

Sacrificio por los demás: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga (Mt 16, 24).

Somos jóvenes universitarios y tenemos nuestra reunión todos los viernes a las 8pm, en el salón san José de nuestra Parroquia. ¡Vale la pena seguir a Cristo bajo este carisma Apostolado de Cruz! ¡Jóvenes hermanos nuestros, los invitamos a participar en nuestro grupo!

 



nov
17

Necesitamos tener esperanzas.

 

 

 

PRÓXIMO DOMINGO: FIESTA DE CRISTO REY.

 

Cristo Rey.

 

Domingo 20 de noviembre, todas las comunidades cristianas celebramos la Fiesta de Cristo Rey. Concluimos así el Tiempo Ordinario de la Liturgia y nos preparamos para celebrar el Adviento, tiempo de fortaleza y esperanza en medio de las penas de la vida. ¿Qué significa Cristo Rey? Obvio, Cristo es Rey y quiere ejercer su realeza. Pero quitemos de nuestra mente toda imagen de un Jesús con poder terrenal a manera de quienes ejercen el dominio en las naciones. Jesús dice: “Mi reino no es de este mundo“, (Jn.18,36). Pero con ello no quiere decir que el ejercicio de su reinado no tenga nada que ver con este mundo terrenal; el reinado de Jesús se realiza precisamente en este mundo pero no con el dominio de las armas ni el dinero ni el control del hombre sobre el hombre.

 

¿Cuál es la esencia del Reino de Cristo? Él vino a instaurar un Reino que tiene una dinámica propia y un horizonte distinto. Sus armas son la verdad, el amor y el perdón, la justicia y la paz. Para muchos esto es mera utopía, algo irrealizable en este mundo. ¡No! ¡Es algo real! Pero para hacerse realidad tiene que hacerse vida en el corazón del hombre. Ahí es donde comienza Cristo a reinar. No se trata de cambiar el mundo con la fuerza del poder, sino de cambiar el corazón del hombre para que comience a cambiar el mundo.

 

El Reino de Cristo en el corazón del hombre hace que nosotros, los cristianos, nos sintamos constructores de un mundo nuevo, que nos comprometamos con el aquí y ahora para que las cosas cambien según los valores del Reino.

 

Valores del Reino de Cristo.

 

¿Cuáles son estos valores? Jesús mismo con su palabra y su testimonio de vida nos los muestra y nos lanza a llevarlos a la práctica: Son la Verdad, la Vida, la Justicia, el Amor, la Paz. Es lo que realmente “vale” en el mundo y es así como Cristo quiere estar presente. Pero tienen que anidarse en el corazón del hombre para que puedan hacerse realidad en las relaciones interpersonales.

 

¿Qué necesitamos?

 

¿De qué manera los valores del Reino pueden adentrarse en lo más íntimo del corazón humano? Es necesario que cada uno de nosotros transforme su mente, mire más hacia su interior, purifique su pensamiento, para que así reconozca la cercanía de Dios. Es necesario meditar sobre las palabras de Jesús “¡El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio!” (Mc 1,15). Dios se ofrece a sí mismo como salvación para el hombre, pero pide una respuesta de aceptación: la actitud de un retorno sincero hacia Dios y la confianza absoluta en su poder salvador, encarnado ahora en la persona misma de Jesús.

 

Cuando vemos la realidad del mundo que nos rodea no podemos dejar de sentir dolor e impotencia. Entonces tenemos que preguntarnos: ¿qué necesitamos los cristianos para darle a este mundo una orientación hacia la dinámica del Reno de Dios? Sabemos que su Reino tiene un horizonte de eternidad y siempre será en este mundo objeto de esperanza. Pero sabemos, también, que de ese Reino poseemos la vitalidad de una Presencia, que a modo de pequeña semilla o levadura, debe dar fuerza y sentido a la vida de este mundo.

 

Las palabras del Papa Benedicto XVI en su Encíclica Spe Salvi nos deben ayudar a darle vida en nuestro corazón a los valores del Reino de Cristo: “Nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar. De hecho, el ser agraciado por un don forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto. Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega; su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza. Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto. Y, al mismo tiempo, su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es « realmente » vida” (Spe Salvi 31).

 

Esta tarea está, pues, a nuestro alcance. La oración lo puede conseguir. Que este sea nuestro compromiso en la fiesta de Cristo Rey del Universo.

 

 

 

oct
31

Bendito AMOR.

 

 

 

BENDITO AMOR.

 

Nuestro amigo Toño Pacheco nos envía esta reflexión sobre es el AMOR. Vale la pena leerla con calma porque, no cabe duda, es una gran ayuda para la superación personal, para la formación humana y cristiana. Aquí presentamos la hermosa reflexión.

 

Nadie puede dar lo que no tiene…

 

Sólo cuando estás

bien contigo mismo puedes estar bien con los demás. Sólo cuando manejas tu soledad puedes manejar una relación.

 

Necesitas Valorarte para valorar, Quererte para querer, Respetarte para respetar y Aceptarte para aceptar, ya que nadie puede dar lo que no tiene dentro de sí.

 

Ninguna relación te dará la paz que tú mismo no hayas creado en tu interior. Ninguna relación te brindará la felicidad que tú mismo no construyas.

 

Sólo podrás ser feliz con otra Persona, cuando seas consciente que eres feliz incluso cuando no está a tu lado. Sólo podrás amar siendo independiente, hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a los que dices querer.

 

Dos personas que se unen por el deseo de hacerse feliz la una a la otra, fracasarán con el tiempo…Dos personas que se unen con el fin de compartir su felicidad propia, lograrán una felicidad duradera, y sin ser su fin, harán feliz a la otra.

 

Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, necesitas autoestima y la práctica de una libertad responsable. Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones.

Por eso, ámate mucho, madura, y el día que puedas decirle al otro: “Sin ti también estoy bien”…

… ese día estarás más preparado/a  para vivir en pareja.

 

Reflexiones.

 

“No he venido a este mundo a cumplir tus expectativas.

No has venido a este mundo a cumplir mis expectativas.

Yo hago lo que hago. Tú haces lo que haces.

Yo soy yo, un ser completo aún con mis carencias.

Tú eres tú, un ser completo aún con tus carencias.

Si nos encontramos y nos aceptamos, si nos aceptamos y

nos respetamos, si somos capaces de no cuestionar

nuestras diferencias y de celebrar juntos nuestros

misterios, podremos caminar el uno junto al otro;

ser mutua y respetuosa, sagrada y amorosa compañía

en nuestro camino.

Si eso es posible puede ser maravilloso, si no, no tiene remedio.”

 

(Por Sergio Sinay).

 

 

 

oct
07

Venga a nosotros tu Reino

 

 

 

 

“VENGA A NOSOTROS TU REINO”.

 

¿Qué quiere decir Jesús con la palabra ‘Reino’?

 

Cuando dice Jesús: “¡Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba; como dice la Escritura, de lo más profundo de todo aquel que crea en mí brotarán ríos de agua viva!” (Jn 837-38). “¡Cómo he deseado celebrar esta Pascua con ustedes antes de morir!” (Lc 22,15). “¡He venido a encender fuego a la tierra; y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49). ¡Cómo vibraba el interior de Jesús al hablar así! Hagamos nuestros sus deseos para comprender lo que quiere decir. Es en este sentido de profundo anhelo en el alma de Jesús donde se encuentra la exclamación del Padrenuestro: “¡Venga a nosotros tu Reino!”. Estas palabras son las que sintetizan los deseos que le daban fuerza a Jesús, eran su fuego interior, su motor que le daba impulso.

 

Reino de Dios” quiere decir ‘la presencia de Dios entre nosotros’, y tiene varios significados. El primero y más general es ‘poder’, ‘dominio’. Indica el dominio que Dios tiene sobre el universo y el derecho que tiene a ser aclamado como “Señor”, “Creador”, puesto que Él es el origen de toda creatura. En este sentido el Reino de Dios no lo estamos esperando sino que ya está presente entre nosotros desde la creación.

 

Otro significado es “reinado”, “ejercicio de gobernar”, “implantar un estilo de vida según Dios y gobernar en el mundo”. De esta manera, Dios ejerce su reinado en la persona de Jesús; entra al mundo en forma portentosa en la Encarnación, se explaya en toda la vida de Jesús, en su pasión, su muerte, su resurrección; se continúa en la vida de la Iglesia, en la historia hasta su final, cuando el Señor regrese y se haga visible completamente. Por tanto, el Reino de Dios es el mismo Jesús, y “venga a nosotros tu Reino” quiere decir “¡Ven, Señor Jesús!”.

 

¿Cómo se hace presente el Reino de Dios?

 

Con la petición que hacemos en el Padrenuestro se pide que triunfe en el mundo el estilo de vida según Dios, es decir, que los hombres y mujeres del mundo se guíen por los valores de la Verdad, la Justicia, el Amor y la Paz. Son las acciones mismas de Jesús que sus discípulos continúan en la Iglesia y que, mediante la Iglesia y con la fuerza del Espíritu Santo, están llamados a influir en el mundo. Pedimos que sea Jesucristo mismo el que venga a proclamar la victoria del bien en este mundo.

 

En toda acción y situación de testimonio cristiano está presente el Reino de Dios. Está presente dondequiera que se cumpla la voluntad del Padre Dios; está presente en la oración de los cristianos, en la Eucaristía; está presente en la enfermedad, en el dolor; está presente en la alegría sincera y en todos los momentos de convivencia fraterna; está presente en todo acto de amor, de verdad, de justicia, de paz; está presente en las acciones de caridad fraterna para con los más pobres y desamparados; está presente en la denuncia contra los abusos e injusticias que se cometen contra los más débiles. Está presente el Reino de Dios en el testimonio del cristiano, testimonio pequeño como una flamita pero con la capacidad de dar potente luz, en medio de una sociedad que impulsa con todas sus ganas los antivalores del Reino.

 

De esta manera es como Dios quiere reinar. Por lo tanto, cuando decimos “venga a nosotros tu Reino” no debemos esperar un hecho clamoroso en el mundo. Las realidades del mundo siguen su propio ritmo; sin embargo, nuestra visión de ellas, nuestra manera de ver las cosas como cristianos, cambia. El milagro del Reino de Dios tiene que ver con un cambio interior en nosotros mismos. Démosle, pues, chance a Dios y comencemos por nosotros mismos: estamos invitados al cambio interior.

 

 

 

oct
05

Bendición de los animales.

 

 

BENDICIÓN DE LOS ANIMALES. FIESTA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS.

 

Francisco construyó un pequeño establo al aire libre y puso a personas para personificar a María, José, los pastores y los ángeles. Luego, añadió los animales: una vaca, un burro, ovejas, y muchos animales más. Cuando le preguntaron por ello, Francisco respondió: “Seguramente los animales también alabaron al nuevo Mesías, de la misma manera que lo hicieron los pastores y los ángeles.” Y así hoy en día, nosotros tenemos pesebres navideños con personas y animales adorando al niño Jesús, el verdadero Mesías.

 

En honor a este gran santo de la iglesia nos hemos congregado hoy en la fiesta de San Francisco de Asís con nuestros animales, criaturas de Dios, y damos gracias al Creador por lo que ellos hacen y por lo que significan para nosotros. San Francisco de Asís fue proclamado por el Papa Juan Pablo II “Patrono de los ecologistas” y “Protector de la naturaleza”. Que por su intercesión amemos y cuidemos el medio ambiente, que es nuestra casa, la casa de todos. ¡Cuidemos la naturaleza!

 

Oración de Bendición de los Animales.

“Señor Dios, Tú inspiraste a San Francisco de Asís para que considerara a todos los animales como sus hermanos y hermanas. Te pedimos bendigas estos animales, y que por intercesión y ejemplo de San Francisco de Asís te alabemos siempre por toda la belleza de tu creación y que tengamos un grande amor por la naturaleza y las criaturas que Tú creaste. ¡Bendito seas, Dios Todopoderoso, en todas tus criaturas, por Jesucristo Nuestro Señor! Amén”.

 

Presentamos aquí algunas fotos de este hermoso evento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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